En París, nadie dudaba que el GAL era una «emanación» del Gobierno español, sistemáticamente negada en Madrid. Entre 1986 y 1988, Mitterrand se vio forzado a gobernar con una mayoría parlamentaria conservadora. Jacques Chirac y sus ministros del Interior, Charles Pasqua y Robert Pandreau, ofrecieron a Felipe González y José Barrionuevo un acuerdo estratégico: «Vosotros enterráis el GAL y nosotros os entregamos a todos los etarras que nos pidáis». Los GAL desaparecieron meses más tarde, en 1987. Comenzó entonces una cooperación policial muy pragmática que dio como resultado el desmantelamiento del «santuario etarra».